El síndrome de Estocolmo se entiende como aquella condición psicológica, en donde una víctima de secuestro desarrolla una especie de amor hacia su opresor, secuestrador o agresor, llegando al extremo de coexistir con aquel que durante años ha procurado destruir su persona o institución.

Actualmente una parte importante del sector profesional que aún hacen vida en nuestro país, ha venido experimentando una condición psicológica, llamada el síndrome de Estocolmo, se está coexistiendo con un estado que nunca ha respetado la condición profesional ni mucho menos al gremio de profesionales, llámese como se llame, constantemente el estado está suplantando las funciones inherentes cada gremio, hasta el punto de ordenar y en muchos de los casos imponer condiciones adversas para ese gremio en particular, estamos presenciando la destrucción de los gremios profesionales en nuestro país, y aun así nos estamos sentando a negociar condiciones para el respecto de nuestros gremios, sin darnos cuenta que somos coparticipes de la destrucción definitiva de nuestra profesión, y en vez de defenderla lo que estamos es convalidando las decisiones irritas de ese estado, que muchos critican de la boca para afuera, pero igualmente pactan y negocian con él.

 

 

Los tontos útiles

A veces sin percatarnos hacemos el triste papel de tontos que solo seremos útiles para convalidar lo que ese estado quiera, pensando que estamos haciendo un bien, pero lamentablemente lo que hacemos es contribuir al fracaso y la destrucción, no podemos seguir creando alternativas a los errores de un estado, los errores cometidos en materia político-económico por el estado, deben ser denunciados y sobre todo se debe luchar por lograr un cambio y una corrección de los mismos, pero lo que nunca podemos hacer es, si el estado nos quita X o Y instrumento, y debemos inventarnos otro para suplantar al que fue eliminado, y de paso promover que el estado o cualquier institución que lo represente respete ese nuevo instrumento, entonces estaríamos entrando en un circulo vicioso, que a cada locura inventada nosotros dedicamos tiempo y esfuerzo en crear una alternativa, en pocas palabras no debemos contradecirnos en nuestro proceder.

El amor y el interés se fueron al campo un día, pero más pudo el interés que el amor que le tenía.

A lo largo de mi carrera, he observado a muchos profesionales, abogados, ingenieros, contadores, médicos etc. hablar mucho de cuanto quieren a su profesión pero realmente son los primeros en torcer el brazo, a la hora que su gremio necesita profesionales que de verdad se comprometan con su defensa, siempre prevalece el interés o quizás el miedo a ser vetados en cualquier institución pública, o quizás perder esas preventas y/o dadivas que le pueda ofrecer un gobierno de turno, se nos viene encima el país, mientras algunos profesionales están dándole la mano a quienes durante años se han dedicado al ataque sistemático y sobre todo destructivo a la condición del profesional, destruyendo los gremios que debería representar, haciendo que cada día esos gremios se conviertan en letra muerta sin ninguna importancia o influencia real, solo quedaron dichos gremios para fotos y selfies en redes sociales, de resto nada se hace con un impacto realmente positivo.

El holocausto profesional

Aproximadamente 150.000 mil judíos sirvieron a las órdenes de Hitler, quizás el más emblemático Hans Sander, por ejemplo, era en 1935 Sturmführer de las SA, así como miembro del partido nazi y receptor de la Medalla de oro del partido. Nazi entusiasta, Sander acabó recibiendo del propio Hitler un Deutschblüutigkeitserklärung –certificado de sangre alemana limpia– que le permitió no sólo ser considerado ario, sino servir incluso en el Ejército alemán como oficial. El certificado, expedido el 30 de julio de 1935 con la firma de Hitler, señalaba: “Apruebo su petición, en lo que a usted respecta personalmente, en consideración a su larga pertenencia al partido y su servicio digno de mención a nuestro movimiento. No existe razón por la que no debería usted permanecer en el partido o en las SA y retener su puesto de mando”. En realidad, esas razones existían y no eran otras que las propias leyes nazis, que privaban de la ciudadanía alemana no sólo a los judíos al cien por cien sino también a los que lo eran en parte e incluso a aquellos que siendo totalmente arios se hubieran convertido al judaísmo, lo que, dicho sea de paso, no dejaba de ser curioso para un antisemitismo que se pretendía fundamentalmente racial.

Hans Sander era de origen judío junto a su familia, la cual fue perdonada por el propio Hitler, como recompensa por su servicio en el ejército Alemán, Hans Sander estuvo a las órdenes de su peor enemigo y ayudo a destruir a su propio pueblo, solo por mantener su posición social, política y sobre todo la vida de sus familiares.

La historia siempre se repite, por eso es sumamente importante conocerla, la historia es como conducir un vehículo, si no ves por el retrovisor no sabrás quien viene atrás y no podrás tomar decisiones oportunas en el aquí y ahora, y por ende no podrás seguir adelante, porque tarde o temprano te estrellaras con la pared de la realidad, una realidad que sin duda alguna muchos profesionales aunque viven quejándose, realmente no saben o no entienden el mal que le hacen a su propia gente o en nuestro caso gremio.     

En resumen, no podemos cometer los errores del pasado, debemos afrontar la crisis no convalidando las acciones de quien la genera, por el contrario debemos ser firmes a la hora de decir esta o aquella decisión es errada, no nos dejemos enamorar de aquellos que desde siempre han golpeado nuestra profesión al punto de atribuirse potestades inherentes a nuestro dominio, evitemos caer en el juego macabro y bien elaborado de aquellos que solo buscan imponer y perpetuar sus intereses mezquinos por encima de aquellos que representan, saludos cordiales.

  Licenciados. Jonathan Vargas,  Xavier VargasCarlos Polanco  

En defensa de la profesión del CPC

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